La planta indeseada
fue y es capaz de nacer
y crecer insospechada
en la roca incierta pero concreta
de concreto.
En la esquina prismática
abismal
clavada en lo alto del aire
-orgullosa espada del poder humano-
inesperadamente
se clava la planta
como una bailarina en puntas.
El cuerpo enhiesto
mástil vivo pero invencible
eleva sus gráciles brazos
y ¡florece!
en un giro inesperado de la historia
extrayendo de la propia roca cruel
muro límite lápida terminante
interminables florcitas
blancas y amarillas
banderillas puras y triunfales
cantando una victoria levemente inmortal
sobre la obstinada muerte.
En vano barrieron con ella
sin pensarlo un instante
obreros eficientes
como soldados invasores.
Sellaron y cubrieron
la herida en la roca geométrica
que vuelve a lucir reluciente
en lo alto del cielo.
En vano.
No pudieron (¡ni podrán!) arrancar
la planta-bailarina-bandera
pura y triunfal
clavada en lo alto del poema!
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