La gente está confundida. Estamos
hablando de cosas diferentes cuando hablamos de felicidad.
Aquello de
que la “tristeza no tiene fin, la felicidad sí” del viejo y
querido Vinicius, compara dos cosas que no son contrarias entre sí.
La tristeza es un estado de ánimo, la felicidad no.
¿A no? No. La
felicidad no es sinónimo de contento, de alegría, de risa. El que
es feliz puede estar contento y reírse, pero no permanentemente, ni
necesariamente. Puede también estar triste, inclusive enfermo,
inclusive moribundo, y ser feliz. ¿Por qué? Porque la felicidad no
es un estado de ánimo, sino un estado de conciencia, de buena
conciencia, claro.
Por eso no se alcanza solamente con alegría y
logros y sueños realizados, cosas que pueden ser efímeras, que
pueden durar un tiempo y “tener fin”, como dice la canción de
Vinicius.
Mucha gente cree, por ejemplo, que la
felicidad se alcanza con “un gran amor”. Cosa que cada vez más
se queda en las telenovelas.
Más bien es al revés: si uno es feliz,
puede realizar un gran amor, como muchas otras cosas. Y puede durarle
toda la vida, como la felicidad que ya tiene.
Pero tampoco hay que
confundirse con el orden de los factores. Ser feliz no es la
condición para lograr “un gran amor”, como tampoco es a
viceversa. Son dos cosas distintas.
Ser feliz es independiente de las
cosas que uno pueda tener o lograr en la vida. Así como también,
ser infeliz es independiente de ello. Así es como muchas veces
sucede que alguien de quién se dice que “lo tiene todo para ser
feliz”, no lo es. Otros, en cambio, que bien pudiera decirse que
“no tienen nada como para sentirse felices”, lo son con todas las
letras.
La condición de ser feliz, tampoco se pierde por los
fracasos o las frustraciones, cosas propias de la vida que conocemos.
Si fuera por ello, nadie podría ser feliz. Por el contrario, la
persona feliz, lo es a pesar de y con las tristezas, los fracasos y
las frustraciones. Precisamente su condición de feliz, le ayuda a
superarlos y seguir adelante.
Y esto no quiere decir que la persona
feliz, sea inconsciente o tonta o conformista, sino todo lo
contrario. Está muy consciente de lo que es la vida en el mundo real
y de sus propias limitaciones, así como de las ajenas. Pero también
lo está de sus capacidades y de las posibilidades y opciones o
alternativas que tiene a su alcance.
En fin, ser feliz no tiene nada que ver
con esa imagen de la vida que suelen dar las canciones, las películas
y la publicidad. Ser feliz es una condición interior que,
potencialmente, cualquiera puede alcanzar, y que no tiene que tener
fin si la persona la cultiva y fortalece. Al contrario, puede crecer
de continuo.
Pero no está por la ruta que muchos siguen, por más
que los carteles indicadores y los rutilantes anuncios publicitarios, colocados a ambos lados, lo proclamen.
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