domingo, 30 de mayo de 2010

Para empezar a pensar

Para empezar diré que pensar es mi actividad favorita. ¿Qué significa "pensar"? No me voy a meter con la psicología ni, mucho menos, con la filosofía. Simplemente diré que es un espacio privado en el cual todo puede ser "procesado".
Es como cocinar. Uno puede comer los alimentos como vienen, o puede hervirlos, o freírlos, u hornearlos, o combinarlos entre sí, condimentarlos y presentarlos de manera apetitosa. Es decir, convertir "los alimentos básicos", los hechos, las circunstancias, las ideas, los sentimientos y emociones, los conocimientos, los recuerdos, la información, y etcétera, en una provechosa comida.
También se puede seguir recetas, o se puede cambiar más o menos dichas recetas, y también usted puede crear sus propias recetas. El problema es si uno recurre a la comida rápida o "chatarra", se pasa encargando a los "delivery"... Es como dice ese tango...: "no pensar ni equivocado. ¿Para qué? si igual se vive..." Sí, se puede vivir sin cocinar. Pero no sin comer. Y por ahí dicen, "somos lo que comemos". Bueno, también somos lo que pensamos, o lo que no pensamos...
¿Seguimos una "receta" al pie de la letra? En materia de pensamiento hay tantas como de comidas, y para todos los gustos. El asunto es elegir una adecuada a nuestras necesidades y circunstancias. Pero también adecuada a la realidad.
¡Ups! La realidad. Todo un tema. ¿Hay una, nada más? ¿O hay tantas como recetarios? ¿O no hay recetarios humanos que la contengan? "Nada supera la realidad", suele decirse.
Por eso es tan saludable cocinar en casa. Pero siempre y cuando cocinemos bien y sano. Ahí se complica. Hay que informarse bien, de buena fuente.
Sí, pensar no es algo tan simple como "matar el hambre". Pensar es como preparar buena y sana comida casera. LLeva tiempo, da trabajo y requiere buena información. Además debe ser una buena costumbre.

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