Cuando querés acordar tenés sesenta y pico, y un día es un ratito, pero es tan
importante como un baile que no te podés perder a los quince.
Sin embargo, mirá vos: una
semana, un mes, un año, son espuma disolviéndose en la memoria.
Por ejemplo, me
es difícil ubicar un acontecimiento cualquiera en un año específico con un
margen de error de hasta 10 años (no es por un problema de memoria sino del orden en la noción del tiempo... claro, si es pura espuma!).
Me facilita un poco la cosa el cambio de
siglo: antes del dos mil , después del dos mil.
Pero me parece igualmente desconcertante
que ya hayan pasado trece años del nuevo siglo, a pesar de que sólo sea poco más
de una década.
Siento que pasó mucho más tiempo, o que pasó ayer nomás...
No sé.
Por eso un día
es tan importante, aunque cada vez sea más fugaz. No sé qué arrebata el día y ya no lo
deja resbalar lentamente como antes.
Me acuerdo cuando los días eran interminables... Pero fue mucho antes de la espuma. Ahora quizá me doy demasiada cuenta de la hora que es.
Aunque no me angustia
porque sé que dentro de un tiempo habrá un tiempo sin tiempo, hecho sólo de vida por delante. ¡Se imagina!
Ahora no, los días son rápidos, lo cual no es tan malo, si se
considera que no siempre son buenos.
Hay que aprovechar estos rápidos días para
hacer lo que es bueno, todo lo que se pueda, pero dejarlos disolverse con la espuma cuando son malos. No revolver
en vano para arreglar un mal día que ya se echó a perder, ni perder otro más en
lamentarlo.
"Suficiente para cada día es su propia maldad", sentenció Jesús. Y
vaya si sabia de lo que hablaba!
Escribís así de lindo como pintas, con una gran sensibilidad, totalmente de acuerdo con tus palabras.
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