Ha terminado un año, ha empezado otro. Los mismos rituales de siempre, como si realmente algo terminara y algo nuevo diera comienzo.
Tan ilusorio y fugaz como los mismos ruidosos fuegos de la celebración.
No ha concluido nada. Nada ha comenzado. Todo continúa. Tan repetido como los viejos buenos augurios, que ya nadie se cree. Tan repetido como el frenesí del festejo, la borrachera empinada y la resaca volcada.
Se repite el viejo rito de la cuentita regresiva. Pero la cuenta regresiva continúa más allá de la algarabía, los abrazos y los besos. La cuenta regresiva sigue terminando el tiempo del hartazgo de mentiras, de placeres egoístas, de violencia exorbitante. Esta cuenta está en los labios del Único que puede terminarla.
Entonces sí, por mano de Ese, algo verdaderamente nuevo comenzará tras el final de la cuenta y los viejos augurios repetitivos quedarán como los envases de los fuegos de artificio, chamuscados y vacíos, a la vera del nuevo día.
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