viernes, 18 de junio de 2010

¿Qué pasa cuando termina el partido?

LOS HINCHAS

¡Qué divertidos, sí, qué divertidos!
Se ríen festejando disfrazados.
Vociferando, saltan abrazados,
Agitando pendones coloridos
Por un triunfo ajeno que asumen propio
Por simple coincidencia de nación,
Ciudad, simpatía, o emoción.

Del otro lado, en cambio, se hace acopio
De resignación en silencio pleno,
De tensión en rostros meditabundos,
Cabizbajos, serios y hasta iracundos,
Hasta llorando un fracaso ajeno
Que sufren propio por igual razón
Que los otros festejan plenamente.

¡Qué negocio redondo y conveniente!
Pagar por alegría o frustración,
Sin tener que haber dado un solo paso,
Para que lo consigan por nosotros,
Los jugadores de esa ocasión,
Siendo triunfante o perdedor por otros,
Y nunca responsable en cualquier caso.

miércoles, 9 de junio de 2010

Este poema para el que busca por aquí y por allá

LA MUJER REAL

La mujer real
no es la que buscas,
es la que encuentras
cuando menos la esperas;
no es la que imaginas,
es la que descubres
donde no lo sospechabas;
no es la que te muestran,
es la que está oculta
entre la gente.
Tienes que estar alerta,
por si te la encuentras,
los ojos bien abiertos
por si la descubres;
no dejarte llevar por la apariencia,
ni distraer con lo que está de moda.
Porque la mujer real
es la que estará siempre:
no es la mejor
ni la más bella,
pero es la que te queda de medida;
es la que te hace resaltar lo bueno
y hasta disimular lo defectuoso.

La mujer real es el hallazgo
de algo que está siempre ante los ojos.
Quizás ya la tengas
y no te das cuenta,
porque sigues en busca de otra cosa,
y no estás atento,
y tus ojos ven sólo lo que quieres,
y te dejas llevar por apariencias
o te distraes con las que están de moda,
y por imaginar lo que deseas
¡no saboreas lo que está en tu boca!

La mujer real
es la que estará siempre.
No es la mejor,
pero es mejor de lo que imaginas;
no es la más bella,
pero es tan bella como la vida,
¡y es la que te queda de medida!

Un poema para preguntarse

INIMAGINABLE

¿Podrías imaginarte
la intensidad del miedo atesorado
en un misil?
¿Podrías imaginarte
la fortuna de odio acuñada,
día por día, en balas?
¿Podrías imaginarte
la Bolsa de Valores de la muerte,
los yacimientos del horror,
las fábricas del odio y de la furia?

Dios espera, no calla, ni otorga,
mas tiene que estar triste, amigo mío,
¿qué piensas tú?
¿Podrías...? No,
es inimaginable la tristeza
de su desmesurado Corazón...